domingo, 29 de noviembre de 2009

Sweet November.



Sus manos desmesuraban mi razón, sus labios se bebían mi conciencia, su lengua colonizaba mi cuerpo, sus sentidos absorbían los míos hasta que no quedó nada en mí que no fuera suyo, hasta el impulso que había creado esa implacable rendición masiva.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

I love everything you love about yourself.
I love everything you hate about yourself.
I love you.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Mutual weirdness.

Cuando estuve sola en casa, a las ocho y media de la mañana, ni siquiera me concedí a mí misma un momento. Mientras me duchaba, me lavaba la cabeza, me hice a toda prisa una toga de emergencia y me vestía de fin de semana, con tacones a pesar de la hora apenas me daba cuenta de que ocupaba ya hasta el menor resquicio de mi entendimiento; la más leve fibra de mi voluntad.

Y no dudé al salir del portal en dirección contraria a la que tomaba todas las mañanas, ni al entrar al callejón donde estaba su casa. No me tembló la mano al llamar al timbre, ni la voz cuando le solté el discurso que había venido preparando por el camino-una florida explicación que él encajó de pie, apoyado en la puerta, medio dormido y casi desnudo, después de tirar de mí hacia dentro como si quisiera aliviar el frío-; no me detuve siquiera a decidir si lo que estaba a punto de hacer era bueno o malo, y no lo hice porque no podía hacer otra cosa que no fuera ir hacia él.


Cuando ya no podía volver hacia atrás, me pregunté como había podido llegar hasta allí, y no supe muy bien que contestarme. Entonces, como si hubiera podido intuir la dirección de mis pensamientos; se acercó hacia mi por detrás; me rodeó con los dos brazos y no hizo nada más, sólo abrazarme, respirar al borde de mi oreja izquierda; acoplar a mi relieve el de su cuerpo y decirme que me necesitaba como respirar.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Show your bones.

Amanecía y él se había despertado primero. Ensayando una táctica que acabaría convirtiéndose en costumbre. Me susurró al oído, me besó hasta dejarme los labios color cereza, me acarició y me zarandeó suavemente hasta que desperté; sin llegar a sospechar siquiera que él hubiera tenido algo que ver con el prematuro principio de aquel día.
Al abrir los ojos lo primero que ví fueron los suyos, abiertos, muy de cerca. Él sabía leer mis ojos, siempre había sabido; y no por el largo tiempo que no estuvimos juntos se olvidó de como se hacía.
Ese contraste brutal entre su apariencia y su verdadera naturaleza era lo que más me atraía de él.
Vigilaba la sombra de su nuez, las venas de su cuerpo, y sólo deseaba que siguiera hablando, que no se callase nunca; porque habría podido vivir de esas palabras.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Losing yourself in me.

Hacía tiempo que mi cara no me sorprendía ni siquiera cuando me cortaba el pelo. Sin embargo, aquella noche el cepillito embadurnado de pasta negra que sostenía mi mano derecha no llegó a encontrarse con las pestañas tiesas, inmóviles, perfectamente adiestradas, que lo esperaban al borde de unos párpados bien estirados, porque un instante antes de que alcanzara su destino, me di cuenta de que mis ojos estaban brillando demasiado.

Sin levantar los pies del suelo retrocedí con el cuerpo para obtener una vista del conjunto de toda mi cabeza, y no encontré nada nuevo ni sorprendente en ella aparte de aquel destello, que insistía en brillar. Invertí unos segundos en analizar el fenómeno antes de emprender una recapitulación de urgencia. Ya no era adolescente. Tampoco me había sentido mal en todo el día. Tampoco era fiebre. Entonces comprendí aquella noche que habíamos creado un universo infinito entre los dos, del cual ninguno quería salir. Éramos felices.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Timestops.

Él era un chico normal, de altura media, peso medio y número de pie un poco por encima de la media. Él era un chico normal sólo que no lo era.
Volver a encontrarle entre treinta millones de oficinas, cuarenta millones de pisos de comerciantes y setecientos millones de casas, entre el rotundo caos perfectamente ordenado de la gente que andaba en ese justo momento por la calle sólo era eso: destino.

martes, 3 de noviembre de 2009

2.

Acabo de darme cuenta de que la felicidad no está en las cosas que planeas, sino en las que no ves venir; y tú has sido como una descarga enorme, de esas que te da de pleno.

Has conseguido que deje de quejarme por las arrugas templadas de las sábanas, por las fotos que te empeñas en hacerme mientras estoy en la cama y por morderme la nariz.


Las luces de los coches entraban por las ventanas, convirtiendo el suelo de barniz en un estanque de caramelo. Nuestros cuerpos dejaron de desplazarse, dejaron de hacer el amor e hicieron alma. Hablamos de la pérdida de tiempo en tu habitación, de las cosas que nos quedan por pasar y de como el pasado fue tan fácil de encerrar en una caja con un par de post-it, dos fotos y algún recuerdo; y de como nuestro futuro necesitará un camión cisterna para guardarlo.

- Gracias por volver de nuevo.
- Esta vez es para quedarme.
-¿Para siempre?
- Sí.